Monday, November 29, 1999

"Hoy se vuelve al barroco para abrir nuevos caminos"

Christophe Rousset y su vegetarianismo casan poco con el exceso del barroco. Sin embargo, este joven francés de 37 años, que acaba de sacar al mercado una gran versión del Stabat Mater de Pergolesi (Decca), teoriza sobre el vitalismo de la música que se hacía en aquel periodo, en el cual está buceando para recuperar partituras, ante un plato rebosante de espárragos, setas, judías verdes y berenjenas. "Los músicos centran hoy su interés en la época barroca, porque lo contemporáneo está en crisis, y se vuelve a aquella época para empezar de nuevo y abrir otros caminos", dice. Él, por su parte, empezó a recorrer el suyo hace ocho años con Les Talens Lyriques, un grupo de música antigua y barroca que quería acercar a los jóvenes intérpretes a ese repertorio. Desde que empezara con su aventura se ha adentrado en óperas de Monteverdi, Haendel o Mozart; música de cámara, piezas sacras y cantatas, entre otras cosas, aparte de haber colaborado en bandas sonoras como la del filme Farinelli, que contaba la historia del famoso castrato italiano que triunfó en la corte española.
Rousset comenzó a dar rienda suelta a su pasión por el barroco cuando con 13 años empezó a tocar el clavicémbalo, instrumento con el que ha dado conciertos en todo el mundo y que ahora enseña a tocar. Un instrumento que, por cierto, aparece en el brillante Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736) que acaba de grabar con el contratenor Andreas Schöll y la soprano Barbara Bonney.
"Esta obra está a caballo entre el mejor Bach y el mejor Mozart. Es un producto típico de la escuela napolitana. Esa escuela era una escuela de contrapunto musical y tenía como base de su existencia la fuga, algo que es la esencia de la música de Bach y un elemento que mezclaban con el bel canto, por lo que les salían obras como ésta", asegura Rousset, dando cuenta de que la fusión ha existido desde el principio de los tiempos.
Sin embargo, y aunque lo haga a la perfección, este tipo de grabaciones no son las que, a su juicio, deben hacerse. "Está muy bien grabar discos así, porque te dan un prestigio, pero yo preferiría incorporar a los discos nuevos repertorios, piezas que no se han grabado nunca, y no una versión más de obras archiconocidas", cuenta este músico de andares estirados como los de un bailarín, escasa estatura y perilla de mosquetero. De hecho, Rousset ha realizado algunos trabajos en estudio con piezas desconocidas que no han salido al mercado todavía. Es el caso de una Antígona de Tommaso Traetta, compuesta en 1770, que grabó hace tres años con la mezzosoprano española María Bayo y que todavía no ha salido a las tiendas, algo que el músico no se explica.
Esas partituras desconocidas las incorpora, sin embargo, a sus recitales y conciertos, porque ahí nadie le dice lo que tiene que tocar. "En una actuación puedes mezclar piezas de compositores conocidos con otras nuevas y, así, hacer una labor de acercamiento al público de verdaderas joyas escondidas", asegura. Para encontrar cosas nuevas trata de sacar tiempo para rastrear en archivos, aunque nunca sea suficiente.
Del barroco, lo que le atrae es la mentalidad de la época y la falta de poses. "Entonces, aunque lo que se compusiera tuviera muchas florituras, no había poses a la hora de interpretar. Se hacían las cosas con mucha profundidad, algo que no existía en el romanticismo, donde imperaba la espectacularidad en la interpretación y que falta ahora en la música contemporánea, en la que hay mucho cine. Siempre hay excepciones, claro, y las excepciones vienen de los intérpretes. El caso de Maurizio Pollini, por ejemplo, quien consigue con sus ejecuciones en el piano que la música contemporánea suene con una autenticidad especial", afirma.Como también pasa con las piezas famosas, que necesitan hacerse oír de una manera auténtica. "Deben ser bien defendidas con las interpretaciones, y no maltratadas con versiones malísimas que se hacen de ellas. Eso se consigue haciendo que la música salga del interior con naturalidad, no de una manera afectada".
Y es que los compositores de la actualidad están en una encrucijada, según Rousset. "Están en un callejón sin salida; por eso se vuelve al barroco estos días, porque hay una necesidad de repensar, de comenzar de nuevo a buscar otras cosas, lo cual conlleva una actitud crítica y creativa al mismo tiempo para encontrar soluciones", concluye Rousset.

EL PAÍS, JESÚS RUIZ MANTILLA